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 Sociología - Michel Foucault (1975) Vigilar y Castigar - Resumen - Página 10 de 10

 

VIGILAR Y CASTIGAR

Michel Foucault

(continuación) DISCIPLINA

III. PANOPTISMO

Fines del SD. XVIII; medidas q’ había q’ adoptar cuando se declaraba la peste: Una estricta división espacial, privación de salir de la zona bajo pena de la vida; división de la ciudad en secciones distintas; cada calle queda bajo la autoridad de un sindico; se ordena a cada cual q’ se encierre en su casa; el sindico cierra personalmente cada casa; cuando es preciso en absoluto salir de la casa se hace por turno y evitando todo encuentro. Hay un espacio petrificado, inmóvil. Cada cual esta pegado a su puesto, y si se mueve, le va con ello la vida, contagio o castigo.

 

La inspección (vigilancia) funciona sin cesar, la mirada esta por doquier en movimiento. Un cuerpo de milicia, en las puertas, en el ayuntamiento y en todas las secciones.  Cada cual encerrado en su jaula, asomándose a la ventana y mostrándose cuando se lo llama, es la gran revista de los vivos y de los muertos.

Esta vigilancia es apoyada por un sistema de registro permanente (informe de los síndicos a los intendentes); al comienzo del “encierro”, se establece, uno por uno, el papel de todos los vecinos presentes en la ciudad. De todo lo q’ se advierte en el curso de las visitas, se toma nota y se transmite a los intendentes y magistrados. Estos tiene autoridad sobre los cuidados médicos de las persona. El registro de lo patológico debe ser constante y centralizado. La relación de cada cual con su enfermedad y su muerte pasa por las instancias de poder, el registro a q’ estas la someten y las decisiones q’ toman.

Cinco o seis días después del comienzo de la cuarentena se procede con la purificación de las casa.

Este espacio cerrado, recortado, vigilado, en todos sus puntos, en el q’ los individuos están insertos en un lugar fijo, en los q’ los menores movimientos se hallan controlados [...] en el q’ el poder se ejerce de acuerdo con una figura jerárquica [...] constituye un modelo compacto del dispositivo disciplinario. A la peste responde el orden. Contra la peste q’ es mezcla, la disciplina hace valer su poder q’ es análisis. La peste como forma a la vez real e imaginaria del desorden tiene como correlato medico y político la disciplina.

 
   

Si bien la lepra a suscitado rituales de exclusión y encierro, la peste ha suscitado esquemas disciplinarios. Más q’ la división masiva y binaria entre los unos y los otros,  apela a separaciones múltiples, a distribuciones individualizantes, a una organización en profundidades de las vigilancias y de los controles, a una intensificación y ramificación del poder. El leprosos esta prendido en una práctica del rechazo, del exilio-clausura. El gran encierro de una parte, el gran encauzamiento de la conducta por la otra. La lepra y su división, la peste y su reticulado. La una esta marcada, al otra analizada, y repartida. El exilio del leproso y la detención de la peste  no llevan con sigo el mismo sueño político. El uno es el de una comunidad pura, el otro el de una sociedad disciplinada. Dos maneras diferentes de ejercer el poder sobre los hombres.

La peste es la prueba en le curso de la cual se puede definir idealmente el ejercicio del poder disciplinario. En le fondo de los esquemas disciplinarios la imagen de la peste vale por todas las confusiones y  desordenes; del mismo modo que la imagen de la lepra, del contacto que cortar, se halla en el fondo de los esquemas de exclusión.
Lentamente, se le ve aproximarse, y corresponde al S XiX haber aplicado al espacio de la exclusión cuyo habitante simbólico era el leproso, la técnica del poder propia del reticulado disciplinario. Tratar a los “leprosos” como  “apestados”; servirse de los procedimientos de individualización para marcar exclusiones – esto es lo que ha sido llevado a cabo regularmente por el poder disciplinario desde los comienzos del S XIX.

Todas las instancias de control individual funcionan de doble modo: el de la división binaria y la marcación; y el de la marcación coercitiva, la distribución diferencial. De una lado, se “apesta” a los leprosos; se impone a los excluidos la táctica de las disciplinas individualizantes; y, de otra parte, la universalidad de los controles disciplinarios permite marcar quien es “leproso” y hacer jugar contra él los mecanismos dualistas de la exclusión.

El Panóptico de Bentham es la figura arquitectónica de esta composición. Es una construcción en forma de anillo, tiene en el centro una torre con anchas ventanas que se abren en la cara interior del anillo. Esta dividida en celdas, cada una de las cuales atraviesa toda la anchura de la construcción; estas tiene dos ventanas,  una que da al interior (correspondientes a las ventanas de la torre) y la otra que da al exterior permite que la luz atraviese la celda. Basta con situar un vigilante en la torre y en cada celda un loco, un enfermo, un condenado, etc. Se recorta sobre la luz las pequeñas siluetas cautivas en cada celda de la periferia. El dispositivo panóptico dispone unas unidades espaciales que permiten ver sin cesar. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra, que en ultimo termino protegía. La visibilidad es una trampa.

Cada cual en su lugar, está bien encerrado. Es visto, pero él no ve, objeto de una información, jamás sujeto en una comunicación. La disposición de su aposento, frente a la torre central, le impone una visibilidad axial; peor las divisiones del anillo, las celdas bien separadas implican una invisibilidad lateral. Y está es garantía del orden (no hay peligros de revueltas ni de contagios). La multitud, masa compacta, lugar de intercambios múltiples, individualidades que se funden, efecto colectivo, se anula en beneficio de una colección de individualidades separadas.

 
   

De ahí el efecto mayor del panóptico: inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder. Hacer que la vigilancia sea permanente en sus efectos, incluso si es discontinua en su acción. Este aparato e una maquina de crear y sostener una relación de poder independiente de aquel que lo ejerce.

Bentham ha sentado el principio de que el poder debe ser visible e in-verificable:

  • Visible - El individuo tendrá sin cesar frente a los ojos la elevada silueta de la torre de donde es espiado.
  • In-verificable – El detenido no debe saber jamás si en aquel momento se le mira, pero debe estar seguro de que siempre puede ser mirado.

El panóptico es una maquina de disociar la pareja ver-ser visto: en el anillo periférico, se es totalmente visto, sin ver jamás; en la torre central se ve todo, sin ser jamás visto.

Automatiza y des-individualiza el poder. Tiene su principio en cierta distribución concertada de los cuerpos, de las superficies, y no en una persona. Produce una relación en la cual están inserto los individuos; garantiza la asimetría, el desequilibrio, la diferencia; poco importa quien ejerce el poder. A partir de los deseos más diferentes, fabrica efectos homogéneos de poder.

Una sujeción real nace  mecánicamente de una relación ficticia. La eficacia del poder esta del lado de su aplicación. El que está sometido a un campo de visibilidad, y que lo sabe, reproduce por su cuenta las coacciones del poder, las hace jugar espontáneamente sobre si mismo, inscribe en si mismo la relación de poder en la cual se juega simultáneamente los dos papeles; se convierte en el principio de su propio sometimiento, sin necesidad de medios de fuerzas para inducirle buena conducta. Se encuentra en el programa del panóptico la preocupación de la observación individualizadotes, de la caracterización y de la individualización, de la disposición analítica del espacio. El panóptico hace obra de naturalista; permite establecer las diferencias, notar los hechos singulares, notar las aptitudes de cada uno. En cuanto al aspecto de laboratorio el panóptico puede ser utilizado como maquina de hacer experiencias, de modificar el comportamiento, de encauzar o reeducar la conducta de los individuos. Experimentar medicamentos y verificar sus efectos. Probar castigos. Intentar experiencias pedagógicas.

El panóptico  es un lugar privilegiado para hacer posible la experimentación sobre los hombres, y para analizar con toda certidumbre las transformaciones que se pueden obtener en ellos.  Puede constituir una especie de control sobre sus propios mecanismos (“vigilantes que’ vigilan y son vigilados”.) Funciona como aun especie de laboratorio de poder. Gracias a sus mecanismos de control gana en eficacia y en capacidad de penetración en el comportamiento de los hombres: una aumento de saber viene a establecerse sobre todas las avanzadas del poder, y descubre objetos por conocer sobre todas las superficies en las que este viene a ejercerse.

El panóptico debe ser comprendido como un modelo generalizable de funcionamiento:; una manera de definir las relaciones del poder con la vida cotidiana de los hombres. El panóptico se considera jaula cruel y sabia. El panóptico es el diagrama de un mecanismo de poder referido a su forma ideal, su funcionamiento, abstraído de todo obstáculo, asistencias o razonamiento, puede muy bien ser representado como in puro sistema arquitectónico y óptico; es de hecho una figura de tecnología políticas que se puede y que se debe desprender de todo su uso especifico.

Es polivalente en sus aplicaciones. Es un tipo de implantación de los cuerpos en el espacio, de distribución de los individuos unos en relación con los otros, de organización jerárquica,  de disposición de los centros y de los canales de poder, de definición de sus instrumentos y de sus modos de intervención. Es aplicable a todos los establecimientos donde, en los limites de un espacio que no es demasiado amplio, haya que mantener bajo vigilancia cierto numero de personas (bajo reserva de las modificaciones necesarias.)

Permite perfeccionar el ejercicio del poder porque:

  • Puede reducir el número de los que lo ejercen, a la vez que multiplica el numero sobre quienes se ejerce
  • Permite intervenir a cada instante, y la presión constante actúa aun antes de que las faltas, los errores, los delitos, se cometan.
  • Su fuerza estriba en no intervenir jamás directamente, en ejercerse espontáneamente y sin ruido, en constituir un mecanismo cuyos efectos se encadenan los unos a los otros.
  • Actúa directamente sobre los individuos sin otro instrumento que una arquitectura y una geometría.

“Da al espíritu poder sobre el espíritu” – el esquema es un intensificador para cualquier aparato de poder: garantiza su economía, su eficacia a través de su carácter preventivo, su funcionamiento continuo y sus mecanismos automáticos. Actúa de modo que el ejercicio del poder no se agrega del exterior como una coacción rígida sobre las funciones en las que influye, sino que esta en ellas lo bastante sutilmente presente.

La disposición de esta maquina es tal que su cierre no excluye una presencia permanente del exterior: cualquiera puede venir a ejercer en la torre central las funciones de la vigilancia, y al hacerlo puede adivinar la manera en que la vigilancia se ejerce.

El esquema, sin anularse ni perder ningunas de sus propiedades, esta destinado a difundirse en el cuerpo social; su vocación es volverse en é una función generalizada.

El panóptico tiene un poder de amplificación; si acondiciona el poder, si quiere hacerlo más económico y más eficaz, no es por el poder en sí, ni por la salvación inmediata de una sociedad amenazada: se trata de volver más fuertes a las fuerzas sociales.

¿Cómo al aumentar sus fuerzas, podrá el poder acrecentar las de la sociedad en lugar de confiscarlas o de frenarlas? La solución del panóptico a este problema es que el aumento productivo del poder no puede ser garantizado más que si de una parte tiene la posibilidad de ejercerse de manera continua, en los basamentos de la sociedad; y si, por otra parte, funciona al margen de esas formas repentinas, violentas, discontinuas, que están vinculadas al ejercicio de la soberanía. El dominio del panóptico es una nueva física del poder, la de los cuerpos irregulares, con sus detalles, sus movimientos múltiples, sus relaciones espaciales. Se trata de mecanismos que analizan distribuciones, desviaciones, series, combinaciones, y que utilizan instrumentos para hacer visible, registrar, diferenciar y comparar: física de un poder relacional y múltiple, que tiene su intensidad máxima no en la persona del rey (soberano), sino en los cuerpos que esas relaciones permiten individualizar.

El panoptismo es el principio general de una nueva “anatomía política” cuyo objeto y fin no es la relación de soberanía sino las relaciones de disciplinas.

El panóptico trata de proyectar una institución disciplinaria perfecta, pero trata también de demostrar como se puede “desencerrar” las disciplinas y hacerlas funcionar de manera difusa, múltiple, polivalente en le cuerpo social.

Hay dos imágenes de la disciplina: la disciplina-bloqueo (institución cerrada, establecida en los márgenes y vuelta toda ella hacia funciones negativas) y la disciplina-mecanismo, “el panoptismo”,  (dispositivo funcional que debe mejorar el ejercicio del poder volviéndolo más rápido, más eficaz, más ligero.)

El movimiento que va de un proyecto a otro reposa en una transformación histórica: la extensión progresiva de los dispositivos de disciplinas a lo largo de los S. XVII y XVIII. Toda una generalización disciplinaria. Esta extensión de las instituciones disciplinarias es el aspecto más visible de transformaciones más profundas:

  1. La inversión funcional de las disciplinas: Antes se les pedía que neutralizaran los peligros (detener el mal) Se les pide, desde ahora, el desempeño de un papel positivo, haciendo que aumente la utilidad posible de los individuos. Las disciplinas hacen crecer la habilidad de cada cual, coordina estas habilidades, acelera los movimientos, multiplica la potencia de fuego, ensancha los frentes de ataque sin disminuir su vigor, aumenta la capacidad de resistencia, etc... Funcionan cada vez más como unas técnicas que fabrican individuos útiles; de ahí que abandonen su posición de marginalidad, exclusión, encierro; y pasen a ocupar un lugar importante dentro de la sociedad en sus funciones esenciales.

  2. La enjambrazón de los mecanismos disciplinarios: Mientras que se multiplican los establecimientos de disciplinas, sus mecanismos tiene cierta tendencia a “des-institucionalizarse”, a salir de las fortalezas cerradas en que funcionaban y a circular en estado “libre”; las disciplinas masivas y compactas se descomponen en procedimientos flexibles de control, que se pueden transferir y adaptar. Se ven también difundirse los procedimientos disciplinarios, a partir no de instituciones cerradas, sino de focos de control diseminados en la sociedad (“organización de disciplina” de la población)

  3. La Racionalización de los mecanismos de disciplinas: Eran grupos privados de inspiración religiosa las que realizaban las funciones de la disciplina social; ahora han sido recobradas por el aparto de policía. La organización de una policía centralizada ha pasado durante mucho tiempo, por la expresión más directa del absolutismo monárquico: el soberano. La policía como institución ha sido realmente organizada bajo la forma de un aparato de estado (ctro. de soberanía política); el tipo de poder que ejerce, los mecanismo que pone en juego y los elementos de un aparato de Estado. Es un aparto que debe ser coextensivo al cuerpo social entero por la minucia de los detalles de que se ocupa. El poder policiaco debe actuar “sobre todo”, peor no es en absoluto la totalidad del Estado ni del reino. El objeto de la policía son esas cosas de cada instante, un control que trata idealmente de llega a lo más elemental, al fenómeno más pasajero del cuerpo social. Para ejercerse, este poder debe apropiarse de instrumentos de una vigilancia permanente, exhaustiva, omnipresente, capaz de hacerlo todo visible, pero a condición de volverse ella misma invisible. Y a diferencia de los métodos de la escritura judicial o administrativa, lo que se registra aquí son conductas, actitudes, virtualidades, sospechas – una toma en cuenta permanente del comportamiento de los indivivudos. La organización del cuerpo policiaco del S XVII sanciona una generalización de las disciplinas que alcanza las dimensiones del Estado. La “disciplina” no puede identificarse ni con una institución ni con un aparto. Es un tipo de poder, una modalidad para ejercerlo, implicando todo un conjunto de instrumentos, de técnicas, de procedimientos, de niveles de aplicación, de metas: es una “física” o una “anatomía” del poder; una tecnología (de poder.)

Se puede pues hablar en total de la formación de una sociedad disciplinaria en este movimiento que va de las disciplinas cerradas, especie de “cuarentena social” hasta el mecanismo identificadamente generalizable del “panoptismo”. En el principio del panóptico hay mucho más que una ingeniosidad arquitectónica: hay un acontecimiento en la historia del espíritu humano (nace un nueva sociedad) Es la solución de un problema técnico que a través de el dibuja todo un tipo nuevo de sociedad.

La antigüedad tiene un predominio sobre la vida publica; quiere hacer accesible a la multitud de los hombres un pequeño numero de objetos. La edad moderna plantea el problema inverso: Procurar a uno solo objeto la visión instantánea de una multitud. Una sociedad donde los elementos principales no son ya la comunidad y la vida publica, sino los individuos privados de una parte y el Estado de la otra.

Nuestra sociedad es la de la vigilancia, bajo la superficie de las imágenes, se llega a los cuerpos en profundidad, detrás de la gran abstracción del cambio, se persigue el adiestramiento minucioso y concreto de las fuerzas útiles. El individuo se halla cuidadosamente fabricado, de acuerdo con toda una táctica de las fuerzas y de los cuerpos.

La formación de la sociedad disciplinaria remite a cierto número de procesos históricos:

  1. Puede decirse que las disciplinas son unas técnicas para garantizar la ordenación de las multiplicidades humanas. Lo propio es que intentan definir respecto de las multiplicidades una táctica de poder que responde a tres criterios: hacer el ejercicio del poder lo menos costoso posible; hacer que los efectos de este poder social alcancen su máximo de intensidad y se extiendan lo más lejos posible, sin fracaso ni laguna; aumentar a la vez la docilidad y la utilidad de todos los elementos del sistema. Este triple objetivo responde a una coyuntura histórica: el gran impulso demográfico del S. XVII (un cambio de escala de los grupos que se trata de manipular o controlar) . Y el crecimiento del aparato de la producción, cada vez más extenso, complejo, costoso y cuya rentabilidad se trata de hacer crecer. El desarrollo de los procedimientos disciplinario responde a estos dos procesos, o más bien, sin duda, a la necesidad de ajustar su correlación.
    Las disciplinas sustituyen al viejo principio “exacción-violencia” (ß¿K?) que regia la economía del poder, por el principio “suavidad-producción-provecho”. Técnicas que permiten ajustar, según este principio, la multiplicidad del os hombres y la multiplicación de los aparatos de producción (económica, de saber, de aptitudes.)
    La disciplina tiene que resolver cierto numero de problemas para los cuales la antigua economía del poder no estaba lo suficientemente armada. Dominar todas las fuerzas que se forman a partir de la multiplicación organizada. Debe neutralizar los efectos de contrapoder que surgen de ella y que forman resistencias al poder que quiere dominar. Debe igualmente hacer que crezca la utilidad singular de cada elemento de la multiplicidad pero por unos medios que sean los mas rápidos y los menos costosos, es decir utilizando la propia multiplicidad como instrumento de este crecimiento. Es necesario que hagan crecer la utilidad de las multiplicidades y que se vuelvan cada una de ellas mas útiles que la simple suma de lo s elementos.
    Define unas tácticas de distribución, de ajuste reciproco de los cuerpos, de los gestos y los ritmos, de diferenciación de capacidades; la disciplina tiene que hacer jugar  las relaciones de poder no por encima, sino en le sentido mismo de la multiplicidad. De la manera más discreta que se pueda. 
    A estos objetivos responden unos instrumentos de poder anónimos y coextensivos a la multiplicidad que regimientan, como la vigilancia jerárquica, el registro extensivo, etc. Sustituye un poder que se manifiesta por el esplendor de los que lo ejercen, por un poder que objetiva insidiosamente aquellos a quiénes se aplica: fundar un saber a propósito de estos, mas que desplegar los signos fastuoso de la soberanía.
    Son el conjunto de minúsculas invenciones técnicas que han permitido hacer que crezca la magnitud útil de las multiplicidades haciendo decrecer los inconvenientes del poder que las rige. Es el procedimiento técnico unitario por el cual la fuerza del cuerpo esta con el menor gasto reducida como fuerza política, y maximizada como fuerza útil. El crecimiento de una economía capitalista a exigido la modalidad especifica del poder disciplinario, cuyas formulas generales, la “anatomía política” puede ser puesta en acción por los regímenes políticos.

  2. La modalidad panóptica del poder no esta bajo la dependencia inmediata ni en la prolongación directa de las grandes estructuras jurídico-políticas de una sociedad; no es, sin embargo, absolutamente independiente. El desarrollo y la generalización de los dispositivos disciplinarios han sido una vertiente oscura de los procesos por los cuales la burguesía a llegado a ser en el cursos del S XVIII la clase políticamente dominante.
    De una manera formal, el régimen representativo permite que directa o indirectamente, con o sin enlaces, la voluntad de todos forme instancia fundamental de la soberanía; las disciplinas dan, en la base, garantía de la sumisión de las fuerzas y de los cuerpos. Han constituido el subsuelo de las libertades formales y jurídicas. El “panoptismo”, elemento universal de coerción, no ha cesado de trabajar en profundidad las estructuras jurídicas de la sociedad para hacer funcionar los mecanismos efectivos del poder en oposición a los marcos formales que se había procurado.
    Las disciplinas no constituyen más que un infra-derecho. Desempeñan el papel preciso de introducir unas disimetrías insuperables y de excluir reciprocidades. Porque la disciplina crea entre los individuos un vinculo “privado”, una relación de coacciones enteramente diferentes de la obligación contractural. Además, en tanto que los sistemas jurídicos califican a los sujetos de derecho según unas normas universales, las disciplinas caracterizan, clasifican, especializan, distribuyen a lo largo de una escala, reparten en torno de una norma, jerarquizan recíprocamente los cuerpos; y en el limite, descalifican e invalidan. Las disciplinas (el panoptismo) refleja la genealogía de la sociedad moderna, con la dominación de clase que la atraviesa, la contrapartida política de las normas jurídicas según las cuales se redistribuía el poder.
    Y para volver al problema de los castigos legales, la prisión, con toda la tecnología correctiva de que va acompañada, hay que colocarla ahí: en el punto en que se realiza la torsión del poder codificado de castigar, en un poder disciplinario de vigilar. Lo que generaliza entonces el poder de castigar no es la conciencia universal de la ley en cada uno de los sujetos de derecho, es la extensión de regular, es la trama infinitamente tupida de los procedimiento panópticos.

  3. Estos procedimientos alcanzan, desde el S XVIII un nivel en el que formación del saber y aumento de poder se refuerzan regularmente según un proceso circular. Las disciplinas franquean entonces el umbral “tecnológico”. Hay un doble proceso: desbloqueo epistemológico a partir de un afinamiento de las relaciones de poder; multiplicación de los efectos de poder gracias a la formación y a la acumulación de conocimientos nuevos.
    El S. XVIII invento las técnicas de las disciplinas y el examen, un poco sin duda, como la Edad Media invento la investigación Judicial. La investigación era el poder soberano arrogándose el derecho de establecer la verdad por medio de cierto numero de técnicas reguladas. La investigación, en efecto, a sido la pieza rudimentaria, pero fundamental para la constitución de las ciencias empíricas; ha sido la matriz jurídico-política de este saber experimental. Lo que esta investigación fue para las ciencias de la naturaleza, el análisis disciplinario lo ha sido para las ciencias del hombre. Estas ciencias con las que nuestra “humanidad” se encanta desde hace más de un siglo tiene su matriz técnica en la pequeñez puntillosa y perversa de las disciplinas y de sus investigaciones. “Otro poder, otro saber”. Si bien es cierto que la investigación, al convertirse en una técnica para las ciencias empíricas, se ha desprendido del procedimiento inquisitorial (de inquisición) en que históricamente enraizaba, en cuanto al examen, ha quedado muy cerca del poder disciplinario que lo formo. Es todavía y siempre una pieza intrínseca de las disciplinas.  Estas técnicas no hacen sino remitir a los individuos de una instancia disciplinaria a otra, y reproducen el esquema de poder-saber propio de toda disciplina. El examen sigue inserto en la tecnología disciplinaria.

Lo que en adelante se impone en las justicia penal como su punto de aplicación, su objeto “útil”, no será ya el cuerpo del culpable contra el cuerpo del rey, el punto ideal de la penalidad hoy día sería la disciplina indefinida: un interrogatorio que no tuviera termino.

El sometimiento a “observación” prolonga naturalmente una justicia invadida por los métodos disciplinarios y los procedimientos de examen.



 

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Palabras claves: Michel Foucault, vigilar, castigar, suplicio, disciplina, panoptismo.



Referencias
Foucault, M. (1975). Vigilar y castigar. 1ª Ed.

 
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