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 Sociología - Michel Foucault (1975) Vigilar y Castigar - Resumen - Página 5 de 10

 

VIGILAR Y CASTIGAR

Michel Foucault

(continuación) DISCIPLINA

EL CONTROL DE LA ACTIVIDAD

1) El empleo del tiempo es una vieja herencia (las comunidades monásticas habían sugerido su modelo estricto y rápidamente se difundió). Sus tres grandes procedimientos –establecer ritmos, obligar a ocupaciones determinadas, regular los ciclos de repetición– coincidieron muy pronto en colegios, talleres, hospitales. El rigor del tiempo industrial ha conservado durante siglos un ritmo religioso. Durante siglos, las órdenes religiosas han sido maestras de disciplina: eran los especialistas del tiempo, grandes técnicos del ritmo y de las actividades regulares.
 
Pero estos procedimientos de regularización temporal que las disciplinas heredan, ellas mismas los modifican. Se ponen a contar en cuartos de hora, en minutos, en segundos. En las escuelas elementales, el recorte del tiempo se hace cada vez más útil. La extensión progresiva del salariado lleva aparejada una división ceñida del tiempo (pensemos lo que pasaría si los obreros llegaran 15min después de haber tocado la campana...). Pero se busca también asegurar la calidad del tiempo empleado: control ininterrumpido, presión de los vigilantes, supresión de todo cuanto puede turbar y distraer, se trata de construir un tiempo íntegramente útil. El tiempo medido y pagado debe ser también un tiempo sin defectos, a lo largo del cual permanezca el cuerpo aplicado a su ejercicio. La exactitud y la aplicación son, junto con la regularidad, las virtudes fundamentales del tiempo disciplinario. Pero esto no es lo más nuevo. Otros procedimientos son más característicos de las disciplinas.

2) La elaboración temporal del acto. Se ha pasado de una forma de conminación que medía o ritmaba los gestos a una trama que los coacciona y los sostiene a lo largo de todo su encadenamiento. Se define una especie de esquema anátomo-cronológico del comportamiento. El acto queda descompuesto en sus elementos; la posición del cuerpo, de los miembros, de las articulaciones se halla definida. El tiempo penetra el cuerpo, y con él todo los controles minuciosos del poder. (para ilustrar, ver ej. de la marcha de una tropa en el S XVII y en el S XVIII).

 
   

3) Establecimiento de correlación del cuerpo y del gesto
. El control disciplinario no consiste simplemente en enseñar o en imponer una seria de gestos definidos; impone la mejor relación entre un gesto y la actitud global del cuerpo. En el buen empleo del cuerpo, que permite un buen empleo del tiempo, nada debe permanecer ocioso o inútil. Un cuerpo disciplinado es el apoyo de un gesto eficaz. Ejemplo: una buena letra supone toda una rutina cuyo código riguroso domina el cuerpo por entero (Foucault aquí cita un par de “reglas” de postura y posición que solían enseñarse en colegios para escribir clara y rápidamente).

4) La articulación cuerpo-objeto
. La disciplina define cada una de las relaciones que el cuerpo debe mantener con el objeto que manipula. (Aquí Foucault da el ejemplo de la división en tres tiempos que se debe seguir para el manejo de un arma, según una ordenanza de 1766). Este ejemplo consiste en una descomposición del gesto global en dos series: la de los elementos del cuerpo que hay que poner en juego, y la de los elementos del objeto que se manipula; después pone en correlación los unos con los otros según ciertos gestos simples. El poder viene a deslizarse sobre toda la superficie de contacto entre el cuerpo y el objeto que manipula; los amarra el uno al otro. Constituye un complejo cuerpo-arma, cuerpo-instrumento, cuerpo-máquina. Se está lejos de aquellas formas de sujeción que no pedían al cuerpo otra cosa que signos o productos, formas de expresión o el resultado del trabajo. La reglamentación impuesta por el poder es al mismo tiempo la ley de construcción de la operación. Este carácter del poder disciplinario tiene una función de síntesis, de vínculo coercitivo (que sujeta, que contiene) con el aparato de producción.

5) La utilización exhaustiva
. El principio subyacente en el empleo del tiempo en su forma tradicional era esencialmente negativo; principio de no ociosidad (no derrochar el tiempo). La disciplina procura una economía positiva; plantea el principio de una utilización teóricamente creciente siempre del tiempo: agotamiento más que empleo. Hay que tratar de intensificar el uso del menor instante, como si pudiera unirse el máximo de rapidez con el máximo de eficacia. Cuanto más se descompone el tiempo, mejor se lo desarticula desplegando sus elementos internos bajo una mirada que los controla, más se puede acelerar entonces una operación. Ejemplo: la escuela de enseñanza mutua como aparato para intensificar la utilización del tiempo; su organización permitía eludir el carácter lineal y sucesivo de la enseñanza del maestro. Cada instante estaba lleno de actividades múltiples, pero ordenadas, y el ritmo estaba regido por señales; imponía a todos unas normas temporales que debían acelerar el proceso de aprendizaje y enseñar la rapidez como virtud.


 
   

A través de esta técnica de sujeción, se está formando un nuevo objeto; lentamente, va ocupando el puesto del cuerpo mecánico. Este objeto nuevo es el cuerpo natural, el cuerpo susceptible de operaciones especificadas, que tienen su orden, su tiempo, sus condiciones internas, sus elementos constitutivos. El cuerpo, al convertirse en blanco para nuevos mecanismos del poder, se ofrece a nuevas formas de saber. Cuerpo del ejercicio, cuerpo manipulado por la autoridad, del encauzamiento útil, pero en el cual se anunciará cierto número de exigencias de naturaleza y de coacciones funcionales. En el ejercicio que se le impone y al que resiste, el cuerpo rechaza espontáneamente lo incompatible: “Éntrese en la mayoría de nuestras escuelas de ejercicio, y se verá a los soldados en actitudes violentas y forzadas, se verán todos sus músculos contraídos, la circulación de la sangre interrumpida...” (de un Ensayo general de táctica escrito en 1772).

Hemos visto cómo los procedimientos de la distribución disciplinaria tenían su lugar entre las técnicas contemporáneas de clasificación y de disposición en cuadro; pero cómo introducían el problema específico de los individuos y de la multiplicidad.


Los controles disciplinarios de la actividad se sitúan entre todas las investigaciones sobre la maquinaría natural de los cuerpos; el comportamiento y sus exigencias orgánicas van a sustituir poco a poco la simple física del movimiento. El cuerpo, al que se pide ser dócil, hasta en sus menores operaciones, opone y muestra condiciones de funcionamiento propias de un organismo. El poder disciplinario tiene como correlato una individualidad no sólo analítica y “celular”, sino natural y “orgánica”.
 





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Palabras claves:
Michel Foucault, vigilar, castigar, suplicio, disciplina, panoptismo.

 
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