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 Psicopatología - Trastorno de la Personalidad por Dependencia - Página 2 de 2

 

TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD POR DEPENDENCIA

VARIANTES DEL PROTOTIPO DEPENDIENTE

Estilos normales: el sujeto asume un estilo dependiente que se adapta a la cultura en la que se halla (ej. mujeres a principios del siglo XX, totalmente dependientes de los hombres). Son cuidadosos y extremadamente solícitos anteponiendo el bienestar de los demás al suyo propio. Alto conformismo y alta capacidad para atraer el amor y los cuidados de otros. Exigen poco, son acríticos.

Síndromes de la infancia: “simbiosis infantil”. Un patrón de comportamiento que se parecía mucho al trastorno de personalidad por dependencia de los adultos.

 
El DSM define el Trastorno de ansiedad por separación como un apego parental mórbido que produce una ansiedad de separación muy importante, y un fracaso a adquirir competencias autónomas; el niño se empeña en retener la unidad simbiótica de la primera etapa del desarrollo y es incapaz de conducirse por sí solo. Es resultado de la sobreprotección.


Subtipos adultos:
sólo ciertos tipos de personalidad tienden a solaparse o coexistir con el trastorno dependiente:

1. El dependiente inquieto: combinación entre el estilo dependiente básico y la personalidad evitadota. Se les desconcierta con facilidad. Muy temerosos y excesivamente dependientes. Evitan las interacciones sociales. Fuerte armadura para amortiguar la excesiva sensibilidad al rechazo.

2. El dependiente acomodaticio: combinación entre los estilos de personalidad dependiente y masoquista. Se caracteriza por la sumisión, un alto grado de afiliación y la búsqueda de afecto, cuidado y seguridad en los demás. El temor a ser abandonado hace que sea extremadamente complaciente y servicial, con fuerte tendencia al autosacrificio y a menospreciarse. Acceden a todas las peticiones pero rara vez cumplen con esto. Sólo les importa gustar a los demás. Falta de iniciativa y autonomía.

3. El dependiente inmaduro: “niños adultos” (esta frase es mía). Prefieren las actividades infantiles, a lo sumo adolescentes. Encuentran una gran satisfacción relacionándose con niños y se ven incapaces para asumir las actividades y responsabilidades propias de la vida adulta. Resultan problemáticos cuando se les requiere madurar.


4. El dependiente torpe: similitudes con el patrón esquizoide lánguido: falta general de vitalidad, nivel de energía bajo, fatigabilidad y debilidad general en la expresión y la espontaneidad. No obstante, el esquizoide lánguido presenta deficiencias a nivel motor, afectivo y cognitivo. Por el contrario, los dependientes torpes no quieren sentirse al margen de las relaciones interpersonales íntimas. Parecen incapaces de encontrar soluciones a los problemas más simples. Sienten una necesidad desesperada de llevar una vida totalmente libre de problemas y de responsabilidades.

5. El dependiente sin identidad: se fusionan de tal forma con los otros que se pierden a sí mismos en el proceso. Todo lo hacen casi por completo al servicio de otro, ya sea una persona o una institución. Se fusionan completamente. Se convierten en una extensión de la persona a la que están vinculados. Pueden incluso mostrar un aire de confianza y seguridad en sí mismos, pero es como si sólo reflejasen los logros y poderes de la persona o institución a la que están unidos. Debido a su inseguridad y a su vulnerabilidad, es probable que adquieren características de la personalidad depresiva.




DIAGNOSTICO DIFERENCIAL

La personalidad dependiente se diferencia:
  • Del trastorno distímico porque en este último caso los criterios diagnósticos se centran en el estado de ánimo y no incluyen diversos rasgos clínicos propios de los dependientes.
  • De la agorafobia porque en este último caso la sintomatología es específica y aparece en forma episódica. Además, la sumisión interpersonal y los sentimientos de inadecuación no suelen observarse en los pacientes agorafóbicos.
  • Del paciente histriónico por la pasividad, la sumisión, la docilidad y la autoanulación, que contrastan con los comportamientos activamente manipuladores, gregarios y encantadores de estos últimos.
  • De la personalidad evitadota por la confianza: el evitador teme y duda de la buena fe de los demás, anticipando rechazo y humillación; el dependiente es muy receptivo hacia los demás y desea confiar en su buena voluntad, esperando consecuencias gratificantes.
  • De la personalidad masoquista por una cuestión de grado. Ambos se anulan a sí mismos y adoptan papeles sumisos en sus relaciones, pero las cualidades autofrustrantes del masoquista ayudan a establecer estas diferencias.  Los masoquistas se crean dificultades debido a su temor de que el éxito provoque rechazo y desprecio.
  • De la personalidad borderline porque en esta última el autocontrol y el afrontamiento de las situaciones han quedado más colapsados.

INTERVENCIONES TERAPÉUTICAS.

Objetivos:

  1. Equilibrar las polaridades: estimular la modificación activa y potenciar el centrarse en sí mismo
  2. Contrarrestar las perpetuaciones (los círculos viciosos que se autogenera): reducir la autodevaluación, potenciar las habilidades adultas, disminuir los comportamientos de “enganche”

Modalidades tácticas:
Corregir el comportamiento interpersonal sumiso, potenciar una autoimagen de eficacia, adquirir conductas competentes.




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Palabras claves: trastorno de la personalidad por dependencia, dependiente, diagnóstico, DSM

 

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