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 Psicopatología - Trastorno autista - Indicadores tempranos- Página 4 de 5

 

Autismo: Indicadores tempranos


El autismo es un trastorno del desarrollo. Esto significa que el desarrollo como un todo se ve afectado de la infancia en adelante. Por lo tanto, es imprescindible que médicos y psicólogos estén formados y capacitados para poder detectar tempranamente signos típicos de autismo, como así también de otras patologías del desarrollo temprano.

Cuando un trastorno mental se manifiesta después de haberse completado el desarrollo de diversas capacidades, lo lógico es esperar que se produzca una ruptura, quizá una regresión o un deterioro progresivo. Cuando se trata de un trastorno del desarrollo de origen temprano, es el propio proceso de construcción de la experiencia el que se ve afectado. Por ende, sería un error centrarnos simplemente en rasgos aislados. Es fácil distraerse en detalles extraños y llamativos, pero tenemos que ver los detalles como pequeñas piezas de un gran rompecabezas, de un todo: el sujeto autista.
 

En este sentido, me propuse en este trabajo, a partir de la bibliografía leída, agrupar los indicadores más típicos del autismo infantil, para ayudar al psicólogo a reconocer este cuadro, sin por eso reducirlo a sus partes perdiendo de vista el todo.

Cabe destacar que varios de estos signos no son exclusivos del trastorno autista. Si bien podría decirse que muchos de ellos pertenecen al campo de otros profesionales, como el pediatra o el neurólogo, todo psicólogo debe estar también atento a escuchar por parte de los padres u a observar estas alteraciones de la conducta en el niño.

Los distintos signos y síntomas pueden agruparse bajo dos categorías principales: indicadores de alteraciones en el lenguaje y la comunicación, e indicadores de alteraciones afectivo-comportamentales.

Indicadores de alteraciones en el Lenguaje y la Comunicación

Conductas evitativas de la comunicación con el otro. Ejemplos: rechazo del contacto humano, no mirar a los ojos, rehuir la mirada, mirar de costado. PERO tener en cuenta también que un niño que no mira o que no oye puede deberse a un trastorno sensorial o a una lesión neurológica, lo cual debe ser descartado mediante los estudios correspondientes. También un niño puede no mirar porque no lo miran. Cabe recordar que el mejor estímulo visual para el niño pequeño es la cara humana.
El lenguaje puede estar ausente, ser tardío, escaso, privado con neologismos (con aparente sentido sólo para el niño), no dirigido al interlocutor, fuera de contexto, con evitación de palabras y/o del yo, hablando en tercera persona, con ecolalia o coprolalia y el llamado cocktail party chatter (verborragia sin sentido).
Trastornos fonológicos: cualidad expresiva discordante.
Dificultad en entender el lenguaje gestual y en imitar movimientos, quizás por no poder identificarse con el otro.
Estereotipias verbales y gestuales.
 

 
 

Indicadores de alteraciones afectivo-comportamentales

Pobreza o ausencia del reflejo de anticipación y acercamiento oral al pecho materno, y el rechazo del contacto con el pecho (este es uno de los indicadores más temprano de una posible desconexión autista).
Pobreza o ausencia del reflejo de búsqueda, del reflejo de succión y de los reflejos de fijación y seguimiento ocular y, más tarde, de la sonrisa social.
Distonías musculares: hipotonías o hipertonías, aisladas o cimbinadas, cambiantes en su localización y severidad. Estas distonías traen aparejadas además actitudes postulares atípicas y anomalías en los reflejos. En el autismo no está aún determinado si las distonías son causas o efectos de él.
Trastornos de la alimentación, con compromiso de los reflejos orales y rechazo del pecho, del chupete y la mamadera. También rechazo de los alimentos como lo sólido y lo salado.
Trastornos de los ritmos circadianos.
No tomar los objetos o sólo tocarlos, o tomarlos y soltarlos, o tirarlos de inmediato (esto no debe ser considerado a los 4 meses, ya que el bebé se haya en la transición de la prensión refleja a la prensión voluntaria).
No abrir las manos.
Rechazar la posición de sentado, tirándose hacia atrás.
Autoestimulación excesiva o ritmias: rocking o hamacado, acostado, sentado, en posición de gateo o parado.
Aislamiento.
Necesidad de inmutabilidad (rechazo a los cambios).
Preocupación desmedida por su cuerpo y algunos objetos.
Rechazar estar desnudo.
No atender cuando se le habla o se lo llama, ni a los ruidos, no hablar. Debe descartarse aquí una posible patología hipoacúsica.
Ausencia del apoyo y de la marcha (cuando ya pasó el período de astasia-abasia).
No hay juego exploratorio.
 
   
Succión de la lengua, de las manos y dedos, fuera de la época normal y en forma exagerada y excluyente.
Mirarse o jugar con las manos y pies de forma excesiva.
Apretarse y restregarse los ojos y oídos.
Percepciones distorsionadas con insensibilidad ante ciertos estímulos:
sensoriales: no ver, no oír, no oler, no gustar;
emocionales: negarse a recibir caricias y afecto;
sensitivos: insensibilidad a las temperaturas extremas o al dolor de origen exteroperceptivo o propioceptivo, hasta la automutilación.
Percepciones distorsionadas con hipersensibilidad ante otros estímulos:
auditivos: producidos por el rascado de superficies, el apretarse los oídos, el quedarse horas escuchando música, el golpetear rítmicamente;
visuales: predilección por mirar la luz, mover la mano frente a los ojos produciendo juegos de luz y sombras chinescas, jugar con la sombra;
olfativos: oler todo;
gustativos: ponerse todo en la boca, chupar todo manteniendo la actividad oral exploratoria;
vestibular: el dar vueltas o ensimismarse con cosas que dan vueltas;
reflejo de Moro muy marcado y persistente por inadecuación a los cambios de actitud, quizás por disfunción vestibular central;
moverse constantemente, como en la hiperkinesia, quizás por la necesidad de mover su cuerpo para organizar los estímulos que recibe y aprender a través de la actividad.
Pueden llegar a recordar a la perfección poemas, canciones, puzzles, etc.
Trastornos del afecto: trata a todos los adultos por igual con el mismo afecto; en ausencia de la madre se consuela con cualquiera; suele no presentar la angustia de los 8 meses y no se asusta de los extraños; tiene pánico ante situaciones nuevas, con reacciones catastróficas; mira largamente a los adultos pero sin discriminar; los usa como objetos. Su llanto es inespecífico, aparentemente sin afecto.
Ausencia de expresión afectiva manifiesta: no ríe, no llora, o tiene explosiones de rabia con tono angustioso y uno puede percibir en algunos momentos el sufrimiento del niño.

 

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Palabras claves: autismo, trastorno autista, indicadores, reconocimiento.

 

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