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 Psicopatología - Trastorno Autista - Definición y Diagnóstico - Página 1 de 5

 

Autismo. Definición. Criterios diagnósticos.

¿Qué es el autismo? Características.

La definición brindada por Kanner en 1943 sigue estando vigente, con sus tres núcleos de trastornos: (1) trastorno cualitativo de la relación; (2) alteraciones de la comunicación y el lenguaje; y (3) falta de flexibilidad mental y comportamental.

Tales dimensiones son tomadas en consideración por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV), el cual ubica al trastorno autista entre los Trastornos Generalizados del Desarrollo. Este manual puede ser de valiosísima utilidad para el psicólogo o psiquiatra a la hora de realizar un diagnóstico diferencial de la patología autista. En este sentido, según el DSM-IV, los criterios para diagnosticar el Trastorno Autista son:

 

A.   Un total de 6 (o más) ítems de (1), (2) y (3), con por lo menos dos de (1), y uno de (2) y de (3).

(1) Alteración cualitativa de la interacción social, manifestada al menos por dos de las siguientes características:

  1. Importante alteración del uso de múltiples comportamientos no verbales, como son contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social.
  2. Incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros adecuadas al nivel de desarrollo.
  3. Ausencia de al tendencia espontánea para compartir con otras personas disfrutes, intereses y objetivos (por ej. no mostrar, traer o señalar objetos de interés).
  4. Falta de reciprocidad social o emocional.

(2) Alteración cualitativa de la comunicación manifestada al menos por dos de las siguientes características:

  1. Retraso o ausencia total del desarrollo del lenguaje oral (no acompañado de intentos para compensarlo mediante modos alternativos de comunicación, tales como gestos o mímica).
  2. En sujetos con habla adecuada, alteración importante de la capacidad para iniciar o mantener una conversación con otros.
  3. Utilización estereotipada y repetitiva del lenguaje o lenguaje idiosincrásico.
  4. Ausencia de juego realista espontáneo, variado, o de juego imitativo social propio del nivel de desarrollo.

(3) Patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados, manifestados por lo menos mediante una de las siguientes características:

  • Preocupación absorbente por uno o más patrones estereotipados y restrictivos de interés que resulta anormal, sea en su intensidad, sea en su objetivo.
  • Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos, no funcionales.
  • Manierismos motores estereotipados y repetitivos (por ej., sacudir o girar las manos o dedos, o movimientos complejos de todo el cuerpo).
  • Preocupación persistente por partes de objetos.
 
   

B. Retraso o funcionamiento anormal en por lo menos una de las siguientes áreas, que aparece antes de los tres años de edad: (1) interacción social, (2) lenguaje utilizado en la comunicación social o (3) juego simbólico o imaginativo.

C.  El trastorno no se explica mejor por la presencia de un trastorno de Rett o de un trastorno desintegrativo infantil.

Vemos entonces cómo el autismo sigue siendo fiel a su raíz etimológica, ya que las palabras “autista” y “autismo” provienen del griego autos, que significa “sí mismo”. Y es así como el síntoma principal de Kanner, la “soledad autista”, sigue siendo todavía el síntoma más importante en todos los intentos de diagnóstico. También se ha estipulado, en general, que el trastorno debe aparecer en un período temprano del desarrollo, es decir, antes de los tres años de edad. Sin embargo, hay casos excepcionales de aparición más tardía.

 
   
AutismoTal como lo postula el DSM-IV, un criterio diagnóstico importante, en la actualidad, es el que se refiere a los trastornos del lenguaje y la comunicación, ya que tiende a ser la causa más frecuente por la que se acude inicialmente en busca de ayuda clínica. Los deterioros en este aspecto pueden variar, desde una ausencia completa de habla hasta los que consisten en una adquisición simplemente retrasada que se acompaña de un empleo extraño del lenguaje, incluyendo los gestos y el lenguaje corporal. Puede haber una deficiencia profunda en la capacidad de implicarse en una relación de comunicación significativa. Asimismo, los criterios actuales prestan especial atención a la falta anormal de actividad imaginativa. Con ello se hace referencia a la ausencia de juego de ficción y a la falta de interés por las historias típicas de ficción.

Un criterio diagnóstico permanente es el que se refiere a los diversos fenómenos de tipo repetitivo y restrictivo implícitos en el segundo síntoma cardinal de Kanner, el “deseo obsesivo de invariancia”. La resistencia a cambiar de rutinas es común, pero no se da en todos los casos.

Según Susan Reid, la insuficiencia de nuestros recursos de comunicación con el lactante es un impedimento severo para el reconocimiento diagnóstico de un posible trastorno psicológico a esta edad tan temprana. Debemos entonces observar la conducta y sus desviaciones, y tomar una detallada anamnesis con la ayuda de la familia sobre la evolución del cuadro y la sintomatología actual. Por lo tanto, el diagnóstico de autismo se basa en la conducta. La interpretación de la significación de una conducta alterada, ausente o retrasada depende de una sólida base de conocimiento clínico.


En un primer momento se debe considerar que el autismo es una hipótesis que tiene que ser sistemáticamente sometida a prueba: se tendrá que escuchar ampliamente a la familia y observar cuidadosamente al paciente, se administrarán pruebas psicológicas y se construirá una historia del curso del trastorno desde el comienzo. Así podrá llegarse a un diagnóstico fiable de la patología autista.

Para valorar los síntomas autistas es necesario tener en cuenta la edad del niño y, lo que es aún más importante, su edad mental. Asimismo, se debe considerar que las conductas autistas suelen presentarse en patologías variadas: enfermedades genéticas, como el Síndrome de Down, el retardo mental común o disarmónico, el lesionado cerebral severo o mínimo, los deficitarios sensoriales o sensitivos, los trastornos de conducta con retraimiento marcado, entre otras. Ayudándose con manuales diagnósticos y con trabajo interdisciplinario, es importante descartar así otras patologías, para arribar a un diagnóstico diferencial del trastorno autista. Debe uno preguntarse: ¿no se tratará de un niño con un retraso evolutivo del que saldrá finalmente?, ¿hay algún defecto neurológico o sensorial que impida su desarrollo normal?, ¿tiene el niño una alteración específica del desarrollo del lenguaje?

Un trabajo interdisciplinario es esencial a la hora de diagnosticar este tipo de psicopatología. Es imprescindible tener un equipo conformado por profesionales como  pediatras, neurólogos, psicólogos, fonoaudiólogos y psicopedagogos, o, si no se cuenta con un equipo constituido, al menos se debe contar con profesionales conocidos para realizar las interconsultas e intercambios necesarios para los distintos casos.
 


 

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Palabras claves: autismo, trastorno autista, diagnóstico, DSM IV.

 

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